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  • crónicas desde la orilla

    Aguacero en las afueras

    La Avenida de Los Castros que parte de un mirador abierto al mar, conserva ese aire de salinidad y desierto tan característico de una vaguada en una ciudad portuaria, las corrientes naturales fluyen bajo tierra y asfalto, y el ruido del tráfico empareda ese rumor que siempre acompaña al agua subterránea. A un lado del arcén los solemnes edificios de las universidades se intercalan con zonas verdes; al otro, urbanizaciones con bares, librerías, tiendas de muebles o talleres mecánicos en los pisos bajos ocultan una barriada.