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  • crónicas desde la orilla

    El verano que conocí a Faulkner

    Desde junio había soplado en la ciudad el viento nordeste y el cielo casi todos los días había quedado liberado de cualquier nube, sin embargo, persistía en mí esa docilidad y esa culpa de quien tiene tareas pendientes por hacer. Me resistía a sacar los bikinis del armario, elegir la ropa que entonaba con la última tendencia de moda y bajar a la playa. El verano comenzaba tardío para mí con esa mezcla de impuntualidad y cansancio que provoca cualquier espera. Mi último manuscrito, mi trabajo de la tarde en el despacho de la abogada, la casa patas arriba, los paseos con mi perro, los libros que había empezado a…