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Desde la orilla,  Pódcast

Una autora necesaria, Virginia Woolf

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Bienvenidos a este cuarto episodio, el primero del 2022, gracias por compartir de nuevo vuestro tiempo conmigo. Todo comienzo es periodo de nuevos propósitos, nuevas ilusiones con los demás y con uno mismo. También de vivir el día a día, el presente impera cada vez más, las circunstancias nos empujan a ello, somos más animales que nunca, no sabemos lo que nos depara el día a día, la vida es más misteriosa e imprevisible, ¿no creéis?

Sostengo  mi taza de té verde y disfruto  de la agradable ráfaga de viento que entra por la ventana en este día donde el invierno de lluvias ha dado tregua. El cuarto donde escribo guarda un pequeño desorden, la luz del atardecer atenúa el caos de libros y cuadernos sobre la mesa. Un móvil, un teclado portátil, un iPad, la antología poética de Leopoldo María Panero, un pintauñas, el estuche de madera que mi madre me regaló hace años…  La casa está en silencio.

Sí, es tiempo de afectos, libertades  bien entendidas y sueños propios, es época de reencuentros, largas conversaciones, lecturas compartidas, pero también, puede que de atenuar las pasiones, los anhelos, mirar hacia delante, resguardarse en los recuerdos… “Madurar es perder algunas ilusiones para empezar a tener otras”, decía Virginia Woolf en una de sus maravillosas citas. Una mente, la suya, tan frágil como lúcida en periodo de entreguerras. Tan necesaria hoy en día. Necesitamos tanto a Virginia. La dicha no debe desfallecer en lo incierto.

Junto a la taza de té me acompaña, precisamente, una recién estrenada edición de El cuarto de Jacob, una de las obras cumbres de la escritora inglesa, que este año 2022 precisamente cumple su centenario. He de decir que  elegí este título por puro instinto a la hora de plantearme este nueve episodio del pódcast, nada sabía de la efeméride, de la que he sido consciente más  tarde, cuando empecé a documentarme sobre Virginia Woolf y su obra. A veces existen sinergias inexplicables que conducen al lector a verdaderas joyas literarias. Es el caso de El cuarto de Jacob. La edición impresa pertenece a la Editorial Losada. Traducción y prólogo de Pablo Ingberg. Una fachada típicamente «british» de ladrillos rojos aparece en la portada y, en ella, la ventana de un cuarto, un cuarto  tal vez tan común como el mío, repleto de objetos, sombras, luces y aromas que evocan a Jacob, ese personaje inaprensible, perpetuamente misterioso, presencia minuciosa e hipnótica en la novela. 

El cuarto de Jacob, obra publicada, como ya he indicado, en 1922, y homenaje a  Thoby Stephen, hermano de Virginia Woolf, brillante estudiante de Cambridge.

Fue Thoby Stephen quien fundó e introdujo a Virginia en el conocidísimo grupo de Bloomsbury, el que la rescató de las rígidas costumbres de Hyde Park Gate, de los ritos victorianos tales como suspender cualquier tarea para recibir y tomar el té, sin afectación, vestirse de gala a la hora de la cena con los hombros descubiertos hiciera frío o calor, ser cauta a la hora de participar o iniciar cualquier conversación con un hombre, plegarse ante la posibilidad de atraer la atención de un muchacho o futuro prometido.

Virginia recordaría detalladamente toda su vida la primera reunión con los camaradas universitarios  de su hermano en la casa londinense de este: Clive Bell, Lytton Strachey y Saxon Sidney- Turner. Las ropas holgadas, cómodas, primero las respuestas monosilábicas, los silencios; Nessa, su hermana, intentando hilar conversaciones, también Thoby, hasta que al referirse a la belleza de una obra, uno de los jóvenes, seguramente, Strachey saltó sobre el cojín y cuestionó el concepto. Se rompió el hielo. Y de qué forma.

Las veladas de los jueves se sucedieron, las discusiones de temas artísticos y estéticos, entre pastelitos, café y tabaco, ropa bohemia… Virginia y su hermana  Nessa llegarían para quedarse, el grupo se iría ampliando, reduciendo, jóvenes y no tan jóvenes a lo largo de los años se sucederían. Thoby Stephen, desgraciadamente, no pudo ser testigo de ese proceso, murió de fiebres tifoideas en 1907 tras un viaje a Grecia. Su vacío, su ausencia, su personalidad, recorren las páginas de El cuarto de Jacob.

Espero que os guste el episodio. ¡Y no olvidéis suscribiros al Canal “Té con Clarisa” si queréis estar al tanto de los próximos pódcasts?

Poeta y escritora

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